Lo extraño fue observar cómo la "gente normal", común y ordinaria que transita la ciudad vive en su micromundo y no se percata de nada.
Mientras conversaba por teléfono pasaron varios transeúntes masculinos.
Sobre un total de cinco que pasaron cerca de la paloma recién muerta o terminando de agonizar: tres de ellos la pisaron con sus zapatos mientras la paloma exhalaba sus últimos aires de vida y los dos restantes directamente la patearon sin percatarse (quiero creer).
Locura total de los porteños.